LEARTE

TEMAS LITERATURA P.A.E.U.

Tema 1: EL ENSAYO EN EL SIGLO XVIII. MELCHOR GASPAR DE JOVELLANOS

INTRODUCCIÓN: El ensayo es un género que incluye textos de longitud y estructura muy variadas, que reciben distintos nombres: memoria, carta, discurso… En él se presentan desde una perspectiva personal y sin carga erudita temas científicos o de pensamiento. Se convirtió en el medio más eficaz para difundir la nueva actitud ante la ciencia y los cambios políticos, sociales y morales de la Ilustración. La finalidad pedagógica y la intención moralizante y reformista de los autores fueron evolucionando a lo largo del siglo: si al principio trataban sobre todo de enseñar, más adelante proponen una revisión crítica de la sociedad para reformarla.

Los ensayistas elaboraron una prosa directa y precisa, a medio camino entre la disertación científica y la conversación, reflejo de la lengua culta y animada que se utilizaría en las tertulias y que no excluye el tono vehemente cuando la polémica lo requiere. Tres son los autores más destacados en este género en España:

FEIJOO: En España, los primeros años del siglo son de una gran pobreza en lo literario. Se suele considerar como fecha de arranque de la Ilustración española 1725, año en que comienza la importantísima actividad divulgadora de Fray Benito Jerónimo Feijoo (1680-1768). Su obra está compuesta por los ocho tomos del Teatro Crítico Universal y los cinco de las Cartas Eruditas y Curiosas. En ambas obras pretende someter a la prueba de la observación y la experiencia las creencias populares basadas en la tradición y la rutina. También combate la ciencia basada en el criterio de autoridad. Propone una crítica basada en la razón y en la experiencia, aplicada a todas las cuestiones filosóficas, científicas o relativas a las costumbres. Se esforzó por liberar la religiosidad de la época de toda la carga supersticiosa y milagrera, pero ateniéndose estrictamente a los dogmas católicos. Fue, además, un gran divulgador de las novedades científicas y filosóficas europeas, así como del espíritu de la Ilustración.

Su prosa es clara y directa, alejada del lenguaje académico; incluye frecuentes toques de humor y breves partes narrativas; resultan así textos dirigidos a un público amplio y adecuados a su finalidad educativa.

CADALSO: La actitud de José Cadalso (1741-1782) hacia la Ilustración y su interpretación crítica de España se expresan en las Cartas Marruecas, su principal obra ensayística. Se trata de un conjunto de epístolas que intercambian Gazel, un joven marroquí que viaja por España; Ben Beley, su preceptor, y Nuño, un español amigo y guía de Gazel. La obra sigue el modelo de las Cartas Persas del filósofo francés Montesquieu. Cadalso ofrece una visión crítica de las costumbres, las ideas y la sociedad nacionales a través de la mirada sorprendida de un turista extranjero. Para remediar la decadencia española, causada por el orgullo, la falta de afición al trabajo, el espíritu rutinario y las continuas guerras, propone reformas inspiradaS en las ideas ilustradas y el ejemplo de las naciones más avanzadas, sin que esto suponga renunciar a la tradición cultural española.

La diversidad temática, unida a la variedad de los puntos de vista y al estilo llano de las Cartas, otorga a la obra un carácter conversacional que recuerda el tono de las tertulias de la época que frecuentó su autor.

JOVELLANOS. La accidentada vida de Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) refleja las contradicciones en que se debatía la Ilustración española, de la que fue su mayor representante. Su honradez personal y sus ideas reformistas chocaron una y otra vez con la intolerancia de los sectores más tradicionalistas. Sus obras en prosa no son, en principio, propiamente literarias, sino ensayos dedicados a la reforma de diversos aspectos de la sociedad.

En el Informe sobre la ley agraria estudia las causas del atraso de la agricultura española y propone medidas para superarlo: regadíos, vías de comunicación, sistemas de cultivo más modernos, educación de los campesinos… Pero su propuesta más innovadora es la desamortización, es decir la abolición de la ley que impedía la venta de las tierras de la Iglesia y de la nobleza, cuyos propietarios no se interesaban en mejorar la productividad. Basándose en los principios del liberalismo económico, pretende que la agricultura se rija por las leyes del mercado para así estimular la producción.

En la Memoria sobre espectáculos y diversiones públicas estudia la historia de diversos juegos y espectáculos y propone una nueva serie de reformas. Destaca su crítica a las corridas de toros, que consideraba diversión sangrienta y bárbara. Pide que se deje mayor libertad al pueblo para que pueda organizar a su gusto bailes, fiestas y juegos. Pero le preocupa sobre todo el teatro, que todavía seguía dominado por los autores posbarrocos. Su defensa del teatro neoclásico obedece no solo a razones literarias, sino también morales, ya que consideraba que la finalidad principal del teatro es la educación del público.

Son muy importantes también sus ensayos sobre la educación, en especial la Memoria sobre la educación pública, en la que expone unas ideas pedagógicas muy avanzadas. Para él, la educación es la base de la prosperidad económica y de la felicidad individual. Por eso hay que extenderla a todos los sectores de la población «Si deseáis el bien de vuestra patria, abrid a todos sus hijos el derecho de instruirse; no haya pueblo, no haya rincón donde los niños, de cualquier clase y sexo que sean, carezcan de este beneficio». Propugna una enseñanza que integre conocimientos teóricos y prácticos con la formación profesional.

Son también de gran interés sus obras de carácter privado, sus diarios y cartas, en los que se expresa con espontaneidad y sinceridad.

Tema 2: LA LÍRICA ROMÁNTICA. GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER.

El romanticismo fue un movimiento ideológico, artístico y literario que se desarrolló en Europa y en América en la primera mitad del siglo XIX. Pero también una actitud vital, una forma de ser y estar en el mundo, marcada por el anhelo de libertad y el conflicto con sus límites.

Caracteriza a los románticos el individualismo y el subjetivismo; el amor absoluto a la libertad; la preeminencia que confieren a los sentimientos y el valor que dan a lo irracional. También el sentimiento de la naturaleza, la fantasía, la búsqueda de otros mundos en el tiempo (historicismo) y el espacio (exotismo), la religiosidad y el sentimiento nacionalista.

La poesía romántica.

La radical libertad romántica se manifiesta, además de en los temas, especialmente en la versificación: recuperan formas métricas del pasado (el romance, la octava real, la silva…), innovan mezclando estrofas y metros en un mismo poema (polimetría); potencian la musicalidad del verso, con nuevos ritmos acentuales, poemas polirrítmicos, rimas agudas y esdrújulas, etc. Y se sirven de un lenguaje connotativo y simbólico. Crean la poesía moderna. Podemos distinguir dos modalidades: poesía narrativa y poesía lírica.

La poesía narrativa: a pesar de su contenido narrativo, cabe tratarla en este tema, pues incluye pasajes líricos y sirve también para la expresión de los sentimientos y la subjetividad del poeta romántico. Trata asuntos histórico-legendarios o exóticos (orientalismo). Entre los grandes poemas narrativos, históricos o basados en leyendas, destacan El moro expósito (1834), del Duque de Rivas; o los poemas simbólicos El diablo mundo (1841) y El estudiante de Salamanca (1840), ambos de Espronceda. En los poemas narrativos breves predomina el romance, como los Romances históricos (1841) del Duque de Rivas; o las leyendas populares o históricas, como las de José Zorrilla («Margarita la tornera», «A buen juez, mejor testigo»…).

La poesía lírica: impregnada de subjetivismo y sentimentalismo. Predominan los temas ínti­mos, como el amor, el anhelo por el absoluto, el desengaño, la naturaleza, el sentido de la vida, la soledad, la desazón vital, la religiosidad… Pero también los temas grandiosos, como la lucha por la libertad o el amor patrio. La naturaleza aparece «animada» y sus elementos adquieren muchas veces carga simbólica.

Dejando al margen la poco representativa lírica de la avanzada romántica (1770-1840, periodo en que conviven los neoclásicos prerrománticos —Cienfuegos, Quintana, Lista— con la primera generación romántica, poetas aún de formación neoclásica, como Rivas o Martínez de la Rosa), debemos distinguir:

—Líricos propiamente románticos, o románticos exaltados (entre 1840 y 1850) que componen una poesía apasionada y en exceso retórica. Destacan Arolas, Pastor Díaz, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado y Enrique Gil y Carrasco. Pero al igual que en la poesía narrativa, sobresale Espronceda, célebre por «La canción del pirata», «A la muerte de Torrijos», «A Jarifa en una orgía»… muestras de su espíritu rebelde, luchador y desencantado.

—Líricos posrománticos  o románticos rezagados. En ellos la poesía se torna más intimista y esen­cial, influida por el poeta alemán Heinrich Heine, y con un estilo más natural y sencillo (en consonancia con el Realismo imperante). Además de Bécquer, destaca en esta línea Rosalía de Castro (En las orillas del Sar, de 1884, es su obra más importante en español).

Gustavo Adolfo Bécquer

Es el poeta más influyente del siglo XIX, gracias a sus Rimas. El manuscrito original desapareció en uno de los tumultos políticos de la época. Bécquer reescribió de memoria los poemas en un cuaderno que tituló Libro de los gorriones. Muerto el poeta, sus amigos publicaron en 1871 las Rimas, pero con una ordenación distinta, que responde a la siguiente estructura temática: 1) Rimas I-XI: sobre la poesía; 2) Rimas XII-XXIX: sobre el amor; 3) Rimas XXX-LI: el desengaño; 4) Rimas LII-LXXVI: la desazón vital y el pesimismo existencial.

Las Rimas son algo más que una «historia de amor», son expresión de las inquietudes esen­ciales del ser humano. En su mayor parte se trata de poemas breves, combinaciones de endecasílabos y heptasí­labos ( y frecuentes versos de pie quebrado) con rima asonante. Su estilo es sencillo, más natural, menos recargado retóricamente que el de los románticos exaltados; son frecuentes los paralelismos, las anáforas, los hipérbatos expresivos; la historia es mínima, y la sugerencia máxima. Es perceptible la influencia de los lieder y los poemas de Heine.

Una buena parte de los grandes líricos posteriores ha reconocido la influencia de Bécquer en sus versos: Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Antonio machado, Juan Ramón Jiménez… Para muchos críticos, en las Rimas se encuentra la raíz de la lírica moderna en castellano.

Las Leyendas becquerianas, en prosa, presentan claros rasgos románticos (la fantasía, el mis­terio, la noche, el anhelo amoroso, la ambientación medieval, la naturaleza animada…).

Tema 3: LA NOVELA REALISTA DEL SIGLO XIX. LA OBRA NARRATIVA DE BENITO PÉREZ GALDÓS.

El Realismo es la corriente literaria dominante en la segunda mitad del siglo XIX. Como es habitual, llegó a España con cierto retraso. Los maestros del Realismo europeo, excepto los rusos, habían publicado lo mejor de su obra antes de 1850 y en España se considera que el Realismo no se consolida hasta la publicación de “La Fontana de Oro” de Galdós en 1870.

En Literatura, el Realismo se caracteriza por:

Hegemonía de la narrativa (sobre todo la novela, pero también el relato breve) entre los géneros literarios.

– El interés por la realidad, la rigurosa observación de la vida, la documentación. Stendhal había definido la novela como “un espejo que se pasea a lo largo del camino”.

– La pintura de costumbres y de caracteres, lo que convierte la obra de los principales novelistas en un amplio fresco de la sociedad de la época. En el caso concreto español, hay un auge de la novela regional: cada autor, en función del verismo, tiende a situar sus argumentos en aquellos escenarios que mejor conoce. Y así las novelas de Clarín o Palacio Valdés están ambientadas en Asturias, las de Pardo Bazán en Galicia, las de Valera o Alarcón en Andalucía, las de Pereda en Santander, las de Blasco Ibáñez en Valencia, las de Galdós en Madrid.

– A esto hay que añadir un profundo análisis de temperamentos y motivaciones; por ello, algunos han calificado las obras de esta época de novelas psicológicas.

Propósito social o moral:  actitud crítica ante las lacras que se observan y una denuncia de sus causas. Este es el origen de la llamada “novela de tesis”, que dividió a los autores españoles en dos grupos: Los que consideraban que la causa de todos los males estaba en la sociedad moderna, descreída, egoísta y materialista, frente a la que ponían los valores tradicionales: familia, autoridad, religión… (Alarcón, Pereda, Coloma, Palacio Valdés…); y los que la veían en la sociedad tradicional, supersticiosa y fanática  frente a la que exhibían los ideales del progreso y la libertad (Clarín, Galdós, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez…).

– Ideal de objetividad. Una vez superada esta fase de novelas de buenos y malos, el novelista tiende a aparecer como un simple cronista que sólo cuenta lo que ve. Pero esto no impide que en muchos otros casos el autor, que sigue siendo omnisciente, se haga presente en comentarios, observaciones y reflexiones personales.

– El estilo se caracteriza por una progresiva eliminación de la retórica grandilocuente de los románticos, reemplazada por un reflejo cada vez más fiel del habla coloquial, y desde luego, por una adaptación de la prosa a la índole de cada personaje.

– Naturalmente, los temas son los contemporáneos, principalmente los problemas de las clases medias urbanas, (laborales, económicos, amorosos…), que eran tanto las protagonistas como las lectoras de este tipo de novelas.

BENITO PÉREZ GALDÓS

EPISODIOS NACIONALES: Son 46 novelas (cinco series de diez obras cada una, con la última inacabada) que presentan una visión del siglo XIX con un perfecto equilibrio entre lo histórico y lo novelesco (anécdotas individuales que dan cohesión y vida a los relatos). Las dos primeras series, compuestas entre 1873 y 1879, recogen la guerra de la Independencia y el reinado de Fernando VII, con dos protagonistas que dan unidad a las series: Gabriel Araceli y Salvador Monsalud. En estas series están los títulos más recordados: Trafalgar, Bailén, Zaragoza, Gerona…

PRIMERAS NOVELAS. Son las que compuso hasta 1880.

La primera de ellas, La fontana de oro (1870) está ambientada en los primeros años del siglo XIX (trienio liberal). Doña Perfecta, Gloria, La familia de León Roch son ya de ambiente contemporáneo. Son novelas de tesis en las que se enfrentan concepciones de la vida opuestas: libertad y oscurantismo, progreso y estancamiento, liberalismo y clericalismo. Su propósito es atacar la intransigencia y el fanatismo, asociados para Galdós al tradicionalismo ideológico. Y con ellas, Marianela, romántica historia de amor entre una chica pobre y fea y su amo, rico y ciego, a quien ella sirve de guía.

NOVELAS ESPAÑOLAS CONTEMPORÁNEAS. Son las 24 novelas que publicó a partir de 1881. A su vez, éstas se pueden dividir en dos grupos. Al primero, con ciertos rasgos naturalistas, corresponden: La desheredada, El amigo Manso, El Doctor Centeno, Tormento, La de Bringas, Lo prohibido, Miau… y, sobre todo,  Fortunata y Jacinta, su obra maestra. La acción se hace más pausada; pero sobre todo se interioriza, pasa a ocurrir dentro de los protagonistas, que cobrarán cada vez más importancia por sí mismos. El narrador se mete en la novela a la altura de los personajes, para hablar con el lector como un personaje más. Madrid se convierte en el gran espacio narrativo, por donde circula sobre todo la clase media en sus distintos ambientes y los personajes pasan de una novela a otra. La impresión es de vida y verdad; y siempre en un contexto histórico preciso, con exactas referencias al acontecer político contemporáneo.

En una segunda fase, a partir de 1890, se puede notar en Galdós una inclinación hacia problemas espirituales: el individuo en rebeldía contra la sociedad. El problema español se presenta ahora en términos sentimentales (amor y caridad frente a intransigencia y egoísmo). Galdós advierte que tras las determinaciones que impone la sociedad y la materia hay algo que no puede captarse a través de la mera observación positivista del mundo. Descubre que estos condicionantes –familia, herencia, estatus–  no bastan para explicar los actos humanos. Más que una ruptura con el Naturalismo es una lenta superación del mismo. Nazarín, Ángel Guerra, Misericordia… o las novelas de Torquemada.

Galdós es el autor realista por excelencia y el mejor novelista del siglo XIX.

Tema 4: MOVIMIENTOS RENOVADORES EN LA POESÍA DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX. MODERNISMO Y VANGUARDIAS. LA POESÍA DE RUBÉN DARÍO.

MODERNISMO:

El Modernismo literario se produce en el contexto de la crisis de la conciencia burguesa (finales del s. XIX), de la que derivan las actitudes inconformistas como la rebeldía política, el aislamiento aristocrático y el refinamiento estético, la bohemia y ciertas conductas asociales y amorales.

Nace en Hispanoamérica hacia 1875 impulsado por el poeta nicaragüense Rubén Darío. Busca la expresión de una nueva sensibilidad con un nuevo lenguaje (renovación de la lengua poética y de la métrica), rechazando el prosaísmo y la retórica  del siglo anterior. Influencias: Simbolismo y Parnasianismo. Temática: a) la exterioridad sensible: lo legendario y lo pagano, lo exótico, lo cosmopolita; b) la intimidad del poeta: vitalismo y sensualidad, pero también melancolía y angustia. Estética: Decía Juan Ramón Jiménez, que el Modernismo era “el encuentro de nuevo con la belleza, sepultada durante el siglo XIX por un tono general de poesía burguesa”. De ahí el esteticismo dominante (aunque el Modernismo no sólo sea eso) y la concepción desinteresada del arte. A ello se une la búsqueda de valores sensoriales. Es una “literatura de los sentidos” según Pedro Salinas.

El Modernismo español se caracteriza por una menor brillantez externa, menos sonoridades y alardes formales, y un mayor intimismo. En su órbita destacan tres grandes autores que desbordarían ampliamente sus límites: Valle‑Inclán, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

 LAS VANGUARDIAS.

Tras el agotamiento del modernismo, entre las dos guerras mundiales, surgen por toda Europa los movimientos de vanguardia, que suponen una ruptura, más intensa que la modernista y tal vez la más radical de cuantas se han producido en la historia artística y literaria: proponen, por medio de manifiestos, concepciones profundamente nuevas del arte y de las letras. Desde una actitud de total rebeldía, los distintos “ismos” pretenden la liberación de los instintos humanos, reprimidos por los factores morales y políticos de la sociedad burguesa. Para conseguir esta liberación crean un nuevo lenguaje artístico que rompe bruscamente con la estética anterior y que supone una manera diferente  de concebir al mundo. Los “ismos” vanguardistas se suceden a un ritmo muy rápido: Fauvismo, Futurismo, Expresionismo, Imaginismo, Cubismo, Surrealismo, Dadaísmo, etc.

En España, la poesía pura de Juan Ramón Jiménez preparó el camino para dar entrada a una nueva sensibilidad artística en los años 20. Este arte intelectual, que Ortega y Gasset llamó deshumanizado se mantuvo en contacto con las vanguardias europeas gracias a la importante labor de dos figuras fundamentales: a) el español Ramón Gómez de la Serna, escritor provocador y anticonvencional, introductor de los primeros “ismos” en España (en su revista Prometeo publica, ya en 1910, un manifiesto futurista y creador de la greguería (humor + metáfora). b) el chileno Vicente Huidobro, que dio a conocer el Ultraísmo y el Creacionismo entre los poetas más jóvenes

Las vanguardias constituyeron un ciclo de gran interés en la literatura contemporánea española, como prueban las obras del grupo poético del 27, que integraron originalmente diversos elementos vanguardistas (en especial los procedentes del Surrealismo), haciéndolos compatibles con un fecundo arraigo en la tradición literaria española.

RUBÉN DARÍO

Poeta nicaragüense que fue el principal difusor del Modernismo, y su máximo representante. Su poesía sintetiza el modernismo americano y los movimientos europeos de finales de siglo, sobre todo el parnasianismo y el simbolismo. En su trayectoria se distinguen dos etapas:

La primera etapa abarca Azul (1888) y Prosas profanas (1896).  Azul refleja el estilo característico del modernismo americano: exotismo, musicalidad, presencia de mitos precolombinos. Combina verso y cuentos. En él destacan las composiciones dedicadas a las estaciones, o sus sonetos, como Caupolicán, jefe de los indios araucanos, que se defendían de los españoles en la conquista de Chile. Prosas profanas supone el triunfo de la poesía llena de elementos sensuales y de motivos exóticos. Son 32 poemas, entre los que destaca la Sonatina o la sensualidad elegante de Era un aire suave. En él está reunido todo lo que caracteriza al Modernismo: centauros de la Antigüedad, Edad Media castellana, mundos de ensueño desaparecidos, princesas y príncipes de cuento de hadas, flores y animales exóticos, revolución en la selección del vocabulario y en la métrica.

La segunda etapa se desarrolla tras su segundo viaje a España. Supone un notable cambio de rumbo: Cantos de vida y esperanza (1905), su obra cumbre, incluye poemas de gran brillantez formal y marcado ritmo. Es, sin embargo, un libro más recatado en la forma y de mayor intimidad y hondura espiritual en muchos de sus versos. Recupera las raíces históricas y literarias españolas, que exalta frente al imperialismo norteamericano, y también reflexiona sobre temas personales, íntimos y humanos. Destacan Canción de otoño en primavera y el poema Lo fatal. También están presentes las preocupaciones políticas y así se hace eco de la derrota del 98 en la Salutación del optimista, mientras que en la Oda a Roosvelt increpa duramente a los EEUU.

Tema 5: LA OBRA POÉTICA DE ANTONIO MACHADO Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

ANTONIO MACHADO

Su primer libro es Soledades (1903), ampliado en 1907 con el título de Soledades, galerías y otros poemas. Se trata de una obra en la línea del modernismo simbolista, heredero del romanticismo rezagado de Bécquer y de la evocación de Verlaine, sin la brillantez expresiva de Rubén Darío. En el libro se tratan, con un tono de marcada melancolía, tristeza o hastío, lo que A. Machado llama los “universales del sentimiento”, es decir, temas y sentimientos universales (el tiempo, la memoria, la nostalgia, la muerte, Dios…). Predomina el uso de símbolos (la tarde, el camino, el río…) que pretenden ser reflejo de realidades más profundas y transcendentes (p.ej. “la tarde” puede simbolizar la meditación, pero también la decadencia o el declinar de las cosas; “la fuente” es la esperanza o la monotonía de la vida; “el camino” o “el río”, el fluir del tiempo…). La métrica es variada, con un predominio de la flexibilidad y la sencillez. Una estrofa machadiana característica es la silva asonantada o arromanzada (combinación de versos de siete y once sílabas con rima asonante en los pares), porque en ella se compaginan las tradiciones métricas culta y popular.

Campos de Castilla (Soria, 1912) es su segundo libro, también posteriormente ampliado (Baeza 1917). En él, su poesía pasa del intimismo de la primera etapa a un tono más descriptivo, realista o historicista; desde luego, más externo. Se produce una depuración mayor de sus componentes modernistas, que nunca habían sido espectaculares. Sus temas son ahora, no las galerías de su alma, sino los paisajes y las gentes de Soria (símbolo de Castilla y de España). El paisaje, aparentemente objetivo, es en realidad producto de una selección de lo humilde y pobre, de lo adusto y duro, en sintonía con los estados del alma, que se siente identificada con ese paisaje y su simbolismo. Esta identificación lírica no impide, sin embargo, una reflexión histórica sobre el propio paisaje y sus habitantes, y una actitud crítica ante el atraso y la pobreza actuales, en contraposición a las glorias pasadas. Denuncia así tanto desigualdades e injusticias sociales, como vicios seculares de los campesinos; entre ellos destaca la envidia o el cainismo (en el extenso romance La tierra de Alvargonzález), la ociosidad provinciana, la superficialidad…

En la edición de 1917 se añaden los temas relacionados con Leonor, cuyo recuerdo se asocia de nuevo al paisaje, unos Elogios a figuras de la vida cultural del momento y una serie de composiciones breves y sentenciosas que anuncian cuál va a ser su próxima etapa poética: los Proverbios y cantares.

En 1924 aparece Nuevas canciones con una nueva sección de “Proverbios y cantares”, es decir, una serie de pensamientos y sentencias filosófico-populares sobre sus temas de siempre —la muerte, el tiempo, Dios—  en forma de composiciones breves, muchas veces de coplas populares.

Tras este libro ya sólo aparecerán sucesivas ediciones de sus Poesías completas (1928, 1933, 1936) y poesías sueltas, como las dedicadas a Guiomar (nombre tras el que se oculta el de Pilar Valderrama, poetisa casada de la que estuvo enamorado), los Poemas de guerra o los cancioneros apócrifos, serie de poemas en los que cada vez es más visible el distanciamiento, el humor, la ironía o el escepticismo y que publica bajo los nombres de Abel Martín o Juan de Mairena.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Él mismo dividió cronológicamente su obra en tres etapas:

Etapa sensitiva: hasta 1915. Se caracteriza por la influencia del Modernismo simbolista e intimista en la línea de Bécquer. Son frecuentes entonces, la adjetivación colorista, las sinestesias, el uso de los alejandrinos… pero son más frecuentes las rimas asonantes y el romance, debido a la influencia popular que le caracteriza frente al derroche modernista. Los contenidos tienen siempre un tono melancólico, vago, crepuscular, de suave musicalidad. Es la época de obras como Arias tristes, Elejías o La soledad sonora. Es también la época de Platero y yo, seguramente la más famosa de sus obras en prosa.

Etapa intelectual (1916-36). Parte de Diario de un poeta recién casado. En su proceso de depuración, la poesía de J. R. Jiménez elimina “ropajes” modernistas (rimas marcadas, adjetivos sensoriales, sinestesias…) y se simplifica en la forma, adoptando con frecuencia un lenguaje estándar y el verso libre. Y se adensa en contenidos abstractos o intelectuales: lo que se llamó “poesía pura”. La facilidad de la primera época, se convierte ahora en hermetismo. Hay en este libro innovaciones vanguardistas, tales como el “collage” (la utilización de textos periodísticos  o publicitarios incorporados al poema), enumeraciones caóticas, metáforas visionarias, coloquialismos, tonos irónicos, palabras y frases en inglés, prosa y verso… y una visión de Nueva York que anticipa la que más tarde tendría García Lorca. Otros títulos, que continúan esta tendencia a la abstracción e intelectualización son Eternidades, Poesía, Belleza o La estación total, publicado en 1946 en Buenos Aires pero que, en su mayor parte, recoge poemas escritos en esta etapa.

Etapa suficiente o verdadera. Corresponde al exilio y significa el desarrollo de su autoexigencia y ensimismamiento. Espacio es el título de un largo poema en prosa, (del libro En el otro costado) en el que, a través de la asociación libre de sensaciones y recuerdos, expresa sus constantes ideas sobre la unidad profunda de todo lo existente, por tanto, una visión panteísta de la realidad, y la conciencia del poeta como dios que da sentido al mundo. Otros títulos son Animal de fondo o Dios deseado y deseante.

Tema 6: LA NOVELA ESPAÑOLA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. MIGUEL DE UNAMUNO Y PÍO BAROJA.

En España, el siglo XX queda dividido en dos partes desiguales por la guerra civil (1936-39). Para los miembros de la primera generación del siglo (el grupo del 98), el género narrativo se con­vierte en instrumento idóneo para llevar a cabo la regeneración del país que figuraba entre sus principales objetivos. Por otra parte, en la novela europea se está produciendo una reacción antirrealista: decadencia de las «historias», de los diálogos, de las concepciones decimonónicas de la novela. El “antirrealismo” se  manifiesta de diferentes maneras en las obras de los autores españoles: ruptura de la temporalidad convencional (Azorín); inserción de bloques extranarrativos, ensayísticos y metaliterarios (Unamuno); renacer de la metáfora (Benjamín Jarnés); narración articulada en breves episodios o estampas (Gabriel Miró); preocupación por los estados íntimos de conciencia (Ramón Pérez de Ayala); predominio de lo lírico sobre lo épico, del fragmento sobre la concatenación histórica (excepto, hasta cierto punto, en el caso de Baroja). Valle-Inclán presenta dos vertientes de la reacción antirrealista: la integración en la prosa de valores imaginativos y expresivos propios de la poesía, y la estilización grotesca de los «esperpentos». En suma, la realidad ya no determina la estructura de la novela.

Miguel de Unamuno (1864-1936). Escritor de fuerte personalidad, polémica y contradictoria, filósofo de pensamiento no sistemático, sino vitalista (en la línea de Kierkegaard). Sus obras son la expresión de la lucha entre su ansia de eternidad, que puede dar un sentido a la vida, y  la razón, que se lo niega. Aunque el medio natural de expresión de estas preocupaciones es el ensayo (Del sentimiento trágico de la vida, La agonía del cristianismo) Unamuno las trasladó también  a la novela y a sus tentativas dramáticas. En  este sentido, los sucesos que narra son reflejo de sus inquietudes religiosas o existenciales. Al primer grupo pertenece San Manuel Bue­no, mártir, novela breve publicada en 1931 cuyo protagonista es un cura de aldea que ha perdido la fe, pero que actúa como si la tuviera para evitar a sus feligreses la angustia de vivir sin esperanza. Y al segundo, Niebla, en la que Augusto Pérez, ente de ficción, se enfrenta con el propio autor, Unamuno, que había previsto su muerte.

En cuanto a la estructura, las novelas de Unamuno se construyen en torno al protagonista, que representa la idea que el autor quiere someter a debate a lo largo del relato; como la envidia (Abel Sánchez), el sentimiento de la maternidad (La tía Tula) o los inconvenientes de una educación exclusivamente racionalista (Amor y pe­dagogía). Así pues, se presta mayor atención a los diálogos que a la ambientación y al marco temporal, presentados siempre de forma esquemáti­ca, cuando no simbólica. Lo importante es el conflicto íntimo, la interioridad de los personajes.

Se reducen al mínimo las descripciones, centrándose la acción en debates o monólogos de gran densidad conceptual, expresados con un lenguaje seco, directo y preciso en el que a menudo se recupera el sentido primitivo de las palabras, o se revitalizan palabras “terruñeras” casi olvidadas. Exige la participación del lector con prólogos, postprólogos, epílogos en los que se proponen interpretaciones contradictorias de las obras o se polemiza sobre distintos aspectos de ellas, con lo que se hace evidente su gusto por la paradoja y la contradicción como camino para buscar la verdad. Consciente de la novedad que suponía esta manera de novelar, y de acuerdo con su carácter polemista y provocador, Unamuno inventó para sus relatos, a partir de Amor y pedagogía, el nombre de nivolas, (con ese subtítulo apareció ya Niebla).

Pío Baroja (1872-1956). Baroja es un pesimista irascible que muestra continuamente su desconfianza ante el hombre y su futuro (lo que le relaciona con el pesimismo vital de Shopenhauer) y ante la acción política, que en un principio le llevó a simpatizar con ideas anarquistas, pero que con los años se convirtió en un escepticismo absoluto, bastante conservador en el fondo. Y es un individualista extremo (relacionado con Nietzsche y su afirmación de la voluntad individual). Para Baroja el arte es inferior a la vida, así que la novela debe basarse en una observación de ésta y contarla de una manera breve, directa y sencilla, con la intención de entretener. La forma de sus narraciones es más “tradicional”. Se le ha calificado de narrador “decimonónico”.

La narrativa de Baroja se caracteriza, pues, por:

– El Predominio de un personaje (activo y dominador o pasivo y sin voluntad) a través del que nos introducimos en los distintos ambientes. Este personaje, con frecuencia al margen de la sociedad o enfrentado a ella, suele ser un trasunto del autor, aunque su espíritu aventurero contraste con el sedentarismo del auténtico Baroja.

– Descripciones impresionistas a base de pequeñas pinceladas o de unos pocos detalles físicos y  psicológicos para describir a los personajes. Y diálogos abundantes.

– Fuerte presencia del autor en comentarios que expresan sus personales ideas filosóficas, literarias o políticas.

–  Búsqueda de la amenidad y con ella de un estilo natural y espontáneo, sin plan previo, lo que le da cierto desaliño expresivo, exagerado por sus críticos. Su sencillez sintáctica, frases cortas y párrafos breves, le emparenta con Azorín, y el antirretoricismo del 98.

Su obra novelística es muy extensa. Los títulos principales pertenecen a su primera época (antes de la primera guerra mundial). Camino de perfección, La busca, El árbol de la ciencia, Zalacaín el aventurero, Las inquietudes de Shanti Andía … Con frecuencia, estos títulos  se agrupan en trilogías: La lucha por la vida, Tierra vasca, La raza, El mar…

Una segunda época va desde 1914 hasta el comienzo de la guerra civil española. De esta época son las Memorias de un hombre de acción, veintidós novelas sobre el fondo de las Guerras Carlistas y la historia española en el siglo XIX, basadas en la vida de un antepasado suyo, el conspirador y aventurero Eugenio de Aviraneta.

La tercera etapa, desde el fin de la guerra civil hasta su muerte, es ya de menor importancia literaria. A ella pertenecen, sin embargo, sus interesantes  memorias personales con el título de Desde la última vuelta del camino.

Tema 7: EL TEATRO ESPAÑOL EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. LA OBRA DRAMÁTICA DE RAMÓN Mª DEL VALLE INCLÁN.

Las diversas manifestaciones teatrales que se producen en España en este periodo pueden agruparse en dos líneas:

a)  Un teatro comercial, aceptado por el público, continuación del teatro del XIX, con diversas formas:

1.- La comedia burguesa, representada por Jacinto Benavente: se trata de un teatro técnicamente perfecto, pero limitado en sus contenidos porque la dependencia del público les obliga a limitar la carga crítica hasta donde lo permite el gusto de los espectadores. Entre las obras de este autor podemos citar Los intereses creados, Señora ama o La malquerida. En la década de los años veinte y treinta continúan esta línea autores como Juan Ignacio Luca de Tena o José López Rubio.

2.- El teatro en verso, neorromántico, que incorpora elementos formales del modernismo, de ideología tradicionalista. Se cultiva el drama histórico y el drama rural. Destacan Eduardo Marquina y  Francisco Villaespesa y los hermanos Machado.

3.- La comedia costumbrista y el sainete, que tratan tipos y ambientes castizos siguiendo la línea de los sainetes de Ramón de la Cruz y el costumbrismo romántico. Destacan los hermanos Álvarez Quintero, con obras de ambiente andaluz: El patio, El genio alegre, Malvaloca, comedias técnicamente perfectas, en las que se descarta toda situación conflictiva.

En este apartado hay que situar la obra de Carlos Arniches, especialmente sus “tragedias grotescas”(La señorita de Trévelez, Los caciques) en las que se funde lo trágico y lo risible al aplicar la peripecia cómica a seres desgraciados e insignificantes. En estas obras, además de una detallada observación de la realidad, encontramos claros signos de crítica social. Y también el llamado “astracán”, género de intención cómica, creado por Muñoz Seca: La venganza de don Mendo.

b) Autores que, desde distintos enfoques, intentan una renovación del teatro, en general fracasada en los escenarios:

1.- Algunos autores del 98, como Unamuno, con un teatro caracterizado por su esquematismo formal y la densidad del contenido (dramas de ideas); Azorín, que introduce lo irreal y lo simbólico; Jacinto Grau, con elementos expresionistas y, sobre todo, Valle Inclán, creador del “esperpento” (Luces de Bohemia).

2) Es fundamental la aportación de los autores del 27, en cuanto a la depuración del teatro poético, la incorporación de formas vanguardistas y el intento de acercar el teatro a un público popular  (Lorca: La barraca; Casona: Teatro del pueblo).

Entre estos autores habría que destacar a los poetas que escriben obras de teatro (Salinas, Alberti), a los dramaturgos Alejandro Casona, Max Aub, el caso especial de Lorca y, por último, algunos dramaturgos cuya obra tendrá repercusión fundamental después de la guerra (Jardiel Poncela y Miguel Mihura).

Valle-Inclán y su teatro en libertad.

El teatro de Valle-Inclán es una de las grandes aventuras estéticas contemporáneas y, desde luego, el más radicalmente original de todo el siglo XX español. Su obra dramática puede agruparse en dos grandes ciclos:

a) Ciclo mítico. Pertenecen a él las tres Comedias bárbaras (Águila de blasón, 1907; Romance de lobos, 1908; Cara de plata, 1922), El embrujado, 1916; y Divinas palabras, 1920. Se trata de un teatro nuevo, basado en la libertad de creación de espacios dramáticos incompatibles con el tipo de escena predominante en el teatro coetáneo. Los nuevos personajes creados por Valle-Inclán encarnaban los impulsos elementales del ser humano en un cosmos primordial, y por ello mismo amenazador y misterioso. Son personajes movidos por las más oscuras e irracionales pulsiones de la carne y el espíritu. Para encarnar dramáticamente ese mundo primordial —mundo del sexo, de la culpa y de la muerte— Valle-Inclán vuelve los ojos a su tierra natal, Galicia, y la convierte en un cosmos mítico, con valor de símbolo. La indefensión —frente a la muerte, la locura, el mal y el misterio— une a todos los personajes y les confiere su universalidad. En este mundo dramático, en donde los personajes giran apresados y poseídos, aparecía por primera vez en el teatro del siglo XX esa «crueldad» que Artaud pediría en 1932; y era la libertad misma lo que el dramaturgo español ponía en cuestión, al mostrar desencadenadas fuerzas oscuras, caóticas, no por escondidas menos existentes, cuya irrupción en la Historia contemporánea no iba a hacerse esperar.

b) Ciclo esperpéntico (Luces de bohemia, 1920; Los cuernos de don Friolera, 1921; Las galas del difunto, 1926; y La hija del capitán, 1927). En el esperpento Valle-Inclán llevará a su límite la ruptura con el teatro realista burgués: si en él se representaba la apariencia como si fuese la realidad, en el esperpento se representarán apariencia y realidad a la vez, fundidas en su oposición. De esa conjunción en todos los niveles (acción, personaje, lenguaje) de la dimensión «real» y de la dimensión «aparencial» de la vida humana individual y colectiva, brota la condición a la vez grotesca y trágica de la existencia, que no se puede representar auténticamente, ni sólo como realidad ni sólo como apariencia. Representarla sólo en su realidad conduciría a una visión trágica, pero falsa; representarla sólo en su apariencia conduciría a una visión grotesca, pero igualmente falsa. El esperpento viene a ser así la forma capaz de expresar lo trágico y lo grotesco a la vez, no alternadamente. [La originalidad del esperpento no consiste, por tanto, en la representación de un objeto deformadolo que hace el drama expresionista— ni tampoco en la representación deformada de un objeto —lo que hará el llamado teatro del absurdo. Cuando Max Estrella afirma que «los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento», no elimina al héroe clásico para incluir sólo su reflejo deformado, sino que incluye en su representación dramática a ambos. Realidad y apariencia, objeto trágico e imagen grotesca del objeto, héroe clásico y títere, aparecen juntos en el esperpento, sin excluirse unos a otros. En este sentido, la dramaturgia esperpéntica de Valle-Inclán engloba y trasciende a la vez el expresionismo y el teatro del absurdo.].

García Lorca: una dramaturgia interrumpida.

En sus farsas (La zapatera prodigiosa, 1929; Retablillo de don Cristóbal, 1931) los personajes están construidos como simbiosis de un tipo (humano y teatral, puesto que procede a la vez de la realidad y de la tradición del teatro farsesco y del teatro de títeres), y de un arquetipo mítico. En las farsas, Lorca, buen conocedor del teatro clásico español —desde Cervantes a Calderón— y del teatro de títeres popular, rechaza dar al espectador cualquier ilusión de realidad

De sus tragedias afirmó Lorca que eran «clásicas», tanto por el tema como por la forma. Concibió Bodas de sangre, 1932 y Yerma, 1934, como partes de una trilogía de la tierra española, cuya última obra no llegó a escribir. El mundo dramático de Lorca está estructurado sobre un conflicto básico: el enfrentamiento de dos fuerzas antagónicas: el «principio de autoridad» y el «principio de libertad». Cualquiera que sea su encarnación escénica —tradición, orden, realidad, colectividad, de un lado; frente a instinto, deseo, imaginación, individualidad de otro— son los dos polos fundamentales de la estructura dramática. La tragedia de los personajes lorquianos estriba, además, en una visión de la realidad impuesta por la colectividad como amputación del ser. Los otros son siempre lo otro, lo extraño, lo ajeno, y su aceptación es siempre enajenación, alteración, negación de la existencia individual.

 

Tema 8:LA POESÍA DE LA LA GENERACIÓN DEL 27. LA OBRA POÉTICA DE FEDERICO GARCÍA LORCA

1. Grupo poético o Generación del 27.

El conjunto de poetas formado por Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados constituye lo que se ha llamado “generación del 27, aunque algunos críticos prefieren hablar de “grupo poético” del 27 debido a sus fuertes individualidades.

Estos escritores tuvieron su lugar de encuentro en la Residencia de Estudiantes. En 1927 participan en la conmemoración del tercer centenario de la muerte de Góngora en el Ateneo de Sevilla. Colaboran en las mismas revistas. Las más importantes de la época son la “Revista de Occidente”, creada por Ortega y Gasset, y “La Gaceta Literaria”.

2. Características generales.

La estética de la generación del 27 se define por el equilibrio en diversos aspectos:

– Hay elementos vanguardistas (influencias del Ultraísmo y del Creacionismo) pero también elementos procedentes de la tradición (lírica popular, Romancero, Góngora…).

– Aparece la métrica vanguardista con el verso libre, pero en otros poemas se cultivan las formas métricas tradicionales como sonetos o romances.

– Se conjugan lo culto y lo popular, el hermetismo y la claridad.

3. Trayectoria de la generación del 27.

– Hasta 1927. Experimentan el influjo de las vanguardias y de la poesía pura. Depuran el poema de toda anécdota humana y utilizan la metáfora. También aparece el influjo de Góngora y sus metáforas oscuras.

– De 1927 a la Guerra Civil. La situación social y política les hizo comprometerse con el mundo en el que vivían y el influjo surrealista les llevó hacia una rehumanización. En esta etapa de influencia surrealista destaca “Sobre los ángeles” de Alberti.

– Tras la Guerra Civil. García Lorca ha muerto, otros poetas se han exiliado (como Alberti, Guillén, Salinas, Cernuda) y los que se han quedado en España cultivan una poesía existencial de tono angustiado como Dámaso Alonso con “Hijos de la ira” de 1944.

4. Federico García Lorca

Nació en Fuentevaqueros (Granada) y estudió Derecho y Filosofía y Letras. En Madrid, se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde entró en contacto con los intelectuales más importantes de nuestro país. Además de poeta, se dedicó a la música ya la pintura. Durante su vida, caracterizada por el triunfo, cultivó con igual éxito la poesía y el teatro. De hecho, hoy en día puede ser considerado uno de los autores fundamentales de nuestra historia literaria. Murió asesinado cerca de Granada.

Publica Libro de poemas en 1921 y Canciones en 1922, por lo que es uno de los primeros en publicar dentro de la Generación del 27. En estas obras se nota una gran influencia de Bécquer y del Modernismo. Poco a poco va encontrando su propia voz poética y en Canción del jinete. Poema del cante jondo (compuesto en 1921, publicado en 1931) se encuentra ya formada. Lo andaluz aparece en este libro representado por los cantes flamencos, cuyo tema principal es la muerte. Trata temas populares desde un punto de vista culto e imprime en cada poema un sello propio e inconfundible.

Romancero gitano (1928) es una de sus grandes obras poéticas. El autor asocia el mundo de los gitanos -completamente estilizado e irreal- a la libertad y a la alegría. Como contraposición, aparece la Guardia Civil, símbolo de la represión y la tristeza. Se trata, en realidad, de la oposición vida muerte. En esta obra encontramos la unión entre la vanguardia y la tradición. La vanguardia aparece en las imágenes y el uso de la metáfora, difícilmente interpretable en ocasiones, mientras que la tradición se encuentra en la utilización constante del romance. El mundo andaluz aparece visto desde una perspectiva irreal y fantástica.

Lorca viaja a Nueva York en 1929 y se ve hondamente impresionado por la gran ciudad americana. Este impacto es el motivo de Poeta en Nueva York (1935). A través del Surrealismo, ve a esta ciudad como la representación de lo más negativo de la civilización, fundamentalmente la deshumanización de sus construcciones. Lorca expresa, así, su desprecio por este tipo de vida con el empleo de metáforas e imágenes muy innovadoras. Con esta obra Lorca da un giro a su estilo. Desde ahora, las imágenes ilógicas y oníricas, las asociaciones extrañas y los versos libres aparecerán frecuentemente en su poesía. El Surrealismo aparece igualmente en Diván del Tamarit (1931-34), compuesto por dieciocho poemas breves centrados en la cultura árabe y andaluza.

Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejias (1934) es una de sus mejores obras. Dedicada a la muerte de su amigo Sánchez Mejías, torero y poeta, en la plaza de toros, es un resumen y compendio del mundo de Lorca: combina lo popular con el Surrealismo, el lenguaje se estiliza hasta límites insospechados y la utilización de la metáfora y las repeticiones es magistral.

La poesía de Lorca es, posiblemente, la mejor de la Generación del 27. Sabe mezclar como nadie lo culto y lo popular. El colorido y la brillantez de sus poemas son indiscutibles y el sello de Lorca se convierte en inconfundible.

Tema 9: LA NARRATIVA ESPAÑOLA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX.

INTRODUCCIÓN

La Guerra Civil provoca un corte profundo con la tradición anterior: quedan abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales impulsadas por Unamuno o Valle-Inclán. Ni siquiera las propuestas más próximas de Pérez de Ayala Gabriel Miró tienen continuadores. Solo parece atenderse al realismo de Pío Baroja. El aislamiento cultural, la falta de maestros (muertos o exiliados) y la censura explican esta situación.

EL EXILIO

Autores que pertenecieron a la Vanguardia durante los años 20: Francisco Ayala, Max Aub, Arturo Barea, Rosa Chacel, Ramón J. Sender (autor de la gran Crónica del Alba). Evolucionan de forma personal, pero coinciden en abandonar la narrativa intelectual y volver a los temas éticos y humanos.

AÑOS CUARENTA

Se editan novelas menores hasta la aparición de la corriente existencial, marcada a veces por el tremendismo (descripciones truculentas de personajes violentos). La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela; Nada, de Carmen Laforet; y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes.

AÑOS CINCUENTA

Fin del aislamiento, incipiente desarrollo industrial. Aparece dos líneas narrativas, que a veces se mezclan (personaje colectivo, técnicas conductistas, espacio y tiempo concentrados, denuncia social):

a) el realismo crítico: La Colmena, de Cela, es el modelo inspirador; El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio, otra obra fundamental; y El camino, de Miguel Delibes.

b) la novela social: Los bravos, de Fernández Santos; Dos días de setiembre, de Caballero Bonald; Central eléctrica, de López Pacheco; Juegos de manos, de Juan Goytisolo.

1960-1975

Novela experimental:

Supone una superación del sencillo relato realista, con intención crítica o directamente política, de la novela de los años cuarenta y cincuenta. Algunos novelistas se empiezan a interesar por las técnicas que estaban experimentándose en Europa y Norteamérica desde los años veinte, a las que se añade la influencia del “boom” de la novela hispanoamericana de los sesenta y su realismo mágico (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez…). Así:

– Los personajes pierden su definición tradicional y se convierten en problemáticos o indefinidos.

– El tiempo del relato no respeta la linealidad tradicional, adquiere una duración relativa y, frecuentemente, se mezclan diferentes tiempos a través de la retrospección y la anticipación.

 – El espacio se comprime igualmente en espacios concretos o limitados.

– El argumento cede su importancia a la técnica novelística. A menudo es la forma de contar la historia lo que centra el interés de una novela y casi no hay asunto ni acción, sólo reflexión.

– El autor renuncia a la omnisciencia del autor decimonónico y se limita a contar la historia desde una cierta perspectiva. Es el llamado perspectivismo, ya sea simple, de un solo personaje, o múltiple, de varios.

– Para ello emplea con cierta frecuencia el monólogo interior o flujo de conciencia, es decir, la transcripción del pensamiento anterior a toda organización lógica o gramatical; de ahí lo caótico de su desarrollo, los saltos, las asociaciones imprevistas, la ausencia de signos de puntuación o de mayúsculas…

– El contrapunto,  procedimiento para entrelazar vidas humanas, y que consiste en explicar varias historias a la vez, ya que suceden simultáneamente, pero en distintos lugares.

– Las innovaciones afectan también a la invención de palabras, a la supresión de los signos tipográficos tradicionales, a la mezcla de diferentes registros, a la supresión de los capítulos tradicionales…

a) Nuevos autores: Luis Martín Santos, con Tiempo de silencio (fundamental); Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa; Juan Benet, Volverás a Región; Francisco Umbral, Mortal y rosa; Miguel Espinosa, Escuela de Mandarines.

b) Autores consagrados que se unen a esta tendencia Camilo José Cela, San Camilo, 1936; Miguel Delibes, Cinco horas con Mario; Juan Goytisolo, Señas de identidad; Gonzalo Torrente Ballester, La saga/fuga de J.B.

 A PARTIR DE 1975

Vuelta al relato tradicional y al argumento, complacencia en lo personal e íntimo, influencia de los medios de comunicación, atención a lo formal, espacios conocidos o exóticos. Tendencias muy variadas:

Novela histórica con intención paródica: La verdad del caso Savolta, de Eduardo Mendoza; El hereje, de Miguel Delibes.

Novela intimista: Juegos de la edad tardía, de Luis Landero. Metanovela: El hijo adoptivo, de Álvaro Pombo.

Neorrealismo: La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez.

Novela policiaca: Manuel Vázquez Montalbán.

Novela de crítica política: Los días contados, de Juan Madrid.

Novela de consumo: (Pérez Reverte, Lucía Etxebarría, José Ángel Mañas)…

Tema 10: LA RENOVACIÓN DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.

AÑOS CUARENTA Y CINCUENTA: EL REALISMO MÁGICO.

En la década de los cuarenta, Hispanoamérica se beneficia económicamente de la guerra europea y sus principales ciudades experimentan un gran crecimiento. La vida cultural se enriquece además con la llegada de numerosos intelectuales españoles republicanos o europeos exiliados. Comienza entonces la superación del realismo narrativo: se abandonan los espacios rurales del indigenismo y el regionalismo (tendencias anteriores), en favor de los espacios urbanos; los temas son los problemas del hombre contemporáneo; se incorporan nuevas técnicas narrativas (monólogo interior, perspectivismo) y estructurales; y aparece el realismo mágico, que consiste en una representación compleja del mundo, que admite en el mismo nivel lo racional, lo onírico y lo fantástico y se plantea como única posibilidad de tratar la realidad suramericana, muy distinta a la europea por la pervivencia de lo mágico o maravilloso, y por la fuerza telúrica de la naturaleza.

Autores: Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti, José Lezama Lima, Ernesto Sábato. Y no hay que olvidar los cuentos de Jorge Luis Borges, que funden magistralmente cultura y fantasía.

AÑOS SESENTA: EL BOOM DE LA NUEVA NOVELA HISPANOAMERICANA.

La renovación de la narrativa hispanoamericana de los años cuarenta se prolonga con un extraordinario grupo de novelistas que, a mediados de los sesenta, alcanza reconocimiento internacional. El realismo mágico se combina con técnicas de vanguardia para la indagación del mundo: es la llamada «novela total».

Muchos de los nuevos narradores se establecieron en Europa, donde en los años sesenta se afirmaba que la novela era un género muerto, tras el agotamiento del realismo social. Un grupo de editores españoles decide lanzar, en cambio, a los jóvenes novelistas hispanoamericanos. El éxito es total y el público descubre unas excelentes novelas, muy complejas en fondo y forma, pero que además recuperan el placer de contar y escuchar historias.Las nuevas novelas tienen en común el deseo de profundizar en la realidad, considerada más compleja que su mera apariencia, y en la que se integran lo irracional, lo fantástico y lo simbólico.

Esta enrevesada realidad se expresará con técnicas narrativas complejas, heredadas de las vanguardias: múltiples narradores y puntos de vista, juegos temporales, experimentación lingüística, mezcla de géneros.

Grandes novelas: La ciudad y los perros y Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa; Rayuela, de Julio Cortázar; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.  Los cuentos de Julio Cortázar funden magistralmente lo fantástico y lo cotidiano.

DESDE LOS AÑOS SETENTA.

Experimentación lingüística, influencia de los medios de comunicación, personajes de clases medias y bajas, lenguaje coloquial y jergas. Manuel Puig, Alfredo Bryce Echenique, Antonio Skármeta, Laura Esquivel, Augusto Monterroso….

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ      

Nació en 1928 en Aracataca (Colombia). Ha ejercido siempre como periodista y escritor, aspectos que se han complementado en muchas de sus obras. Fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1982.

Su primeras obras (La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora) son novelas cortas en las que va configurando el espacio mítico de Macondo y los personajes que aparecerán en Cien años de soledad, su obra cumbre, que logró gran éxito entre los críticos y el público. García Márquez integra a la perfección los modos tradicionales de contar historias con las técnicas narrativas más complejas: saltos temporales, perspectivas múltiples, monólogo interior, introducción de historias intercaladas en la narración principal, narradores ficticios, técnicas del periodismo y del cine, etc. De su enorme capacidad fabuladora y su fuerza evocadora nacen mágicos acontecimientos, sueños y presagios que se integran con normalidad en lo cotidiano, así como inolvidables personajes de resonancias míticas. Por otro lado, en sus novelas se reflejan y denuncian situaciones reales de la Hispanoamérica contemporánea. El tiempo, la memoria, la sociedad, el amor, la pasión o la violencia incontenible son algunos de los temas recurrentes en su obra narrativa

 CIEN AÑOS DE SOLEDAD.

Se trata aparentemente de una novela de fácil lectura, para cualquier tipo de público, pero un análisis profundo revela  una gran complejidad en la utilización del tiempo, el punto de vista  y el contenido simbólico que encierran sus páginas. Cuenta la historia mítica de Macondo, pueblo inventado que simboliza tanto Colombia como Hispanoamérica o la humanidad entera (la obra comienza con un Génesis y termina con un Apocalipsis).

Mientras van sucediéndose siete generaciones de la familia Buendía, Macondo sufre toda clase de catástrofes: guerras civiles, sequías, un diluvio que dura nueve años… La obra es el máximo exponente del realismo mágico, ya que lo fantástico y lo insólito se mezclan con la realidad cotidiana: un personaje muerto vive en la casa de los Buendía, otro aparece siempre rodeado de mariposas; una joven de la familia asciende a los cielos cuando estaba tendiendo las sábanas en el patio…

 Otras grandes novelas de García Márquez son: El otoño del patriarca,  Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera.

Tema 11. TENDENCIAS DE LA POESÍA EN LENGUA ESPAÑOLA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. PABLO NERUDA

A partir de 1927 la poesía española había iniciado un proceso de rehumanización: la preocupación por el hombre como da lugar tanto a la expresión de problemas exis­tenciales como a una visión del hombre inmerso en los problemas sociales.

1. La poesía de los años 40 y principios de los 50. Dámaso Alonso señaló dos tendencias en la poesía de este periodo:

La  poesía arraigada: grupo de poetas llamados los garcilasistas, quienes vuelven sus ojos ha­cia Garcilaso y hacia otros «poetas del Imperio». Se trata de autores con una visión del mundo ordenada e, incluso, optimista. Uno de los temas dominantes es un firme sentimiento religioso, junto con temas tradicionales (el amor, el paisaje, las cosas bellas…). Son poetas como Luis Rosales, Leopoldo Pa­nero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, José García Nieto, Rafael Morales

La poesía desarraigada: surge a partir de la publicación de Hijos de la ira (1944) de Dámaso Alonso. Es una poesía de agrio tono trágico (que fue calificada de «tremendista», como la novela de la época); que muestra un mundo caótico, invadi­do por el sufrimiento y por la angustia. Vuelve a aparecer el tema religioso, pero aquí los poetas imprecarán a ese Dios que parece haber abandonado a su suerte al hombre. El estilo es bronco, directo, más sencillo y menos preocupa­do por los primores estéticos.  En esta línea se incluyen poetas como Carlos Bousoño, Gabriel Celaya y Blas Otero.

– Surgen también autores di­fícilmente encasillables como José Hierro y José María Valverde o y el Postismo de Carlos Edmundo de Ory, movimiento que enlaza con la poesía de vanguardia: pretende ser un «surrealismo ibéri­co».

2. La poesía social (años 50)

Hacia 1955 se consolida el llamado «realismo social». De esa fecha eran dos libros de poemas que marcan un hito: Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y Cantos iberos de Gabriel Cela­ya. En ellos, ambos poetas superan su anterior etapa de angustia existencial, para situar los problemas humanos en un marco social.  Su estela será seguida por mu­chos de los que antes se inscribían en la «poesía desarraiga­da»: Victoriano Cremer, Eugenio de Nora, Ángela Figuera, Leopoldo de Luis…

Autores como Antonio Ma­chado y de Miguel Hernández o los hispanoamericanos Neruda (España en el corazón) y César Vallejo (España, aparta de mí este cáliz) fueron los precedentes. Vicente Aleixandre (Historia del corazón) sirvió de guía. Se trata de una nueva poesía que, saltando del “yo” al “nosotros”, pretende convertirse en un arma capaz de transformar el mundo; para ello el poeta debe «tomar partido» ante los problemas del mundo que le rodea. El poeta se hace «soli­dario» de los demás hombres. El lenguaje es claro y el tono coloquial, pues va dirigida «a la mayoría». El tema de España es omnipresente: Que trata de España (Otero), España, pasión de vida (Nora), Dios sobre España (Bousoño).

3. La “Promoción de los 60”

A finales de los cincuenta apareció un grupo de poetas que, sin dejar los temas sociales, buscaba una mayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal. Para ellos el poema es un instrumento que permite al poeta –y al ser humano— conocer el mundo y a sí mismo. Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines, Claudio Rodríguez.

Se puede establecer una temática común a todos ellos: la reflexión sobre el tiempo (que pasa y destruye todo; la infancia y la adolescencia se verán paraísos perdidos); el amor y su relación con el erotismo; la amistad; la reflexión sobre la creación poética. En el estilo es muy visible un voluntario alejamiento de la poesía social a la que juzgan pedestre. Si muchos siguen fieles a un estilo conversacional, «habla­do», ello no debe ocultar una exigente labor de depuración y de concentración de la palabra. Cada poeta se propone la búsqueda de un lenguaje personal. Frecuentemente recurren al empleo de la ironía.

4. Los «Novísimos» (generación del 68)

Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Mar­tínez Sarrión, José María Álvarez, Félix de Azúa, Pedro Gimferrer, Vicente Molina‑Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.

Autores de influencias diversas: César Vallejo, Octavio Paz; poetas del 27 como Cernuda y Aleixandre; de los 60, como Gil de Biedma o Valente; o ciertos poetas ingleses y franceses. Se inspiran también en el cine, la música, la canción y los cómics. En la temática encontramos lo «personal» (la infancia, el amor o el erotismo) junto a lo «público» (la guerra del Vietnam, la sociedad de consumo). Al lado de tonos graves —ecos de un íntimo malestar— aparece una provo­cadora e insolente frivolidad. Marilyn Monroe se codea con Che Guevara, y Carlos Marx con Groucho Marx. Frente a la sociedad de consumo, son sarcásticos y corrosi­vos. Sin embargo, muestran su «escepticismo sobre las po­sibilidades que tiene la poesía de cambiar el mundo» (F. de Azúa). En lo personal y lo político, son inconformistas y disidentes; pero, como poetas, persiguen metas estéticas. Es el estilo, en efecto, lo que les importa ante todo. La renovación del lenguaje poético es, pues, objetivo, principal. Ven en el Surrealismo, en especial, una lección vigente de ruptura con la «lógica» de un mundo absurdo.

5. La poesía desde 1980

El panorama de la poesía actual presenta una gran variedad de tendencias. Puede decirse que, en general, la actitud individualista y la negativa a dejarse encasillar son dos constantes de los nuevos poetas. La mayoría de los críticos señalan las tendencias siguientes: surrealista; culturalista y clásica; experimental; poesía erótica y poesía de la experiencia.

6. Pablo Neruda (1904-1973):

Pseudónimo de Neftalí Ricardo Reyes, poeta chileno que ejerció gran influencia en la poesía española, a partir de los años 30, como impulsor de la rehumanización de la poesía a partir del surrealismo y luego de la poesía social. Trayectoria poética:

a) Una primera etapa, de influencia modernista: Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)

b) La segunda etapa, dentro del surrealismo, está representada por el libro Residencia en la tierra (1933-35), en el que pretende dar cuenta de un mundo en el que todo es, prácticamente, materia que tiende a la muerte y  a la destrucción.

c) Con Tercera residencia (1943) se inicia la tercera etapa: el marxismo le lleva a una poesía comprometida política y socialmente. Sigue teniendo una visión materialista del mundo pero ya no dominan la destrucción y la muerte, sino la afirmación vitalista de los seres y las cosas. Esta etapa culmina con el Canto General (1950), una especie de poema épico en el que canta la naturaleza americana anterior a la presencia del hombre y los hechos más notables de la historia de América.

d) La última etapa está representada por Odas elementales, tres volúmenes de versos breves, con un estilo sencillo, en los que el poeta canta también las cosas sencillas de la vida: los objetos humildes (el pan, el vino) las materias primarias (la madera, el agua) y los sentimientos elementales (amor, esperanza, alegría).

Tema 12. EL TEATRO ESPAÑOL DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. LA DRAMATURGIA DE ANTONIO BUERO VALLEJO

1.- Los años cuarenta

En los primeros años de la posguerra se utilizó el teatro como medio de propaganda política e ideológica al servicio del régimen. Pero es el teatro comercial, de evasión, el que domina en los escenarios españoles. Dentro de esta línea se suele distinguir la llamada “alta comedia” o “comedia burguesa” y el teatro humorístico.

La alta comedia se caracteriza por el cuidado en la construcción de la obra, la dosificación de la intriga para mantener la atención del espectador y la transición brusca entre escenas cómicas y sentimentales. Los personajes suelen pertenecer a la burguesía acomodada y los temas más reiterados son los relacionados con el matrimonio (infidelidad, celos, etc.) a veces con una cierta actitud crítica o satírica, pero sin rebasar los límites que impone el gusto del público (José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo, Víctor Ruiz Iriarte, Juan Ignacio Luca de Tena).

La línea humorística está dominada por la chabacanería, la pobreza imaginativa, el chiste fácil y el mal gusto. Sin embargo hay dos autores que merecen destacarse por su intención de hacer un teatro inteligente, Jardiel Poncela (que da entrada a la imaginación, lo inverosímil, lo fantástico y el absurdo) y Miguel Mihura, que gozará del gusto del público en la década de los cincuenta, a partir del estreno de Tres sombreros de copa (escrita en 1932).

2.- Los años cincuenta

Sigue predominando el teatro comercial, pero se estrenan dos obras fundamentales: Historia de una escalera (1949) de Buero Vallejo y Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre. Con ellas se abre el periodo de la llamada “generación realista” a la que pertenecen Lauro Olmo, José María Rodríguez Méndez, José Martín Recuerda y Carlos Muñiz. La presión de la censura hizo que estos autores se agruparan en torno a dos posturas enfrentadas: por una parte los que defendían la necesidad de plantear una crítica abierta y directa aun a riesgo de no ser representados. Esta es la postura de Alfonso Sastre, cuyas obras eran siempre prohibidas por el régimen (fue incluso encarcelado en varias ocasiones), quien funda, en 1950, el TAS (Teatro de Agitación Social) y, en 1960, el Grupo de Teatro Realista (G.T.R.). Por otra parte, quienes creen fundamental dosificar la carga crítica y disfrazar el lenguaje teatral para poder llegar al público (posibilistas), postura mantenida por Buero Vallejo.

El teatro realista (o social) tiene una temática social y política, centrada sobre todo en las clases trabajadoras (explotación, falta de libertad), personajes presentados como víctimas; forma estética cercana al realismo naturalista o al expresionismo (influencia de Valle Inclán), lenguaje directo y provocador con frecuentes elementos coloquiales e incluso vulgares.

3.- Años sesenta:

Sigue dominando el teatro comercial en los escenarios y se sigue escribiendo teatro social, pero a mediados de la década surgen intentos de renovación en dos frentes:

– Una serie de autores opuestos a la estética realista que conciben el teatro como un “espectáculo total” en la línea del teatro de Artaud. Dan relieve a los aspectos no textuales (escenario, luces, música, efectos especiales) y pretenden que el espectador tome parte activa en la representación, para lo que eliminan la separación entre escenario y público. Siguen desarrollando la crítica social y política contra el régimen de Franco y para salvar la censura tienden a utilizar la parábola o la farsa. Son autores como José Ruibal, Manuel Martínez Mediero, Luis Riaza, Miguel Romero Esteo y Francisco Nieva.

– Los “grupos de teatro independiente”, que actúan fuera de los circuitos comerciales a imagen de los “teatros de bolsillo”, de cámara o experimentales del resto de Europa y América. Su máximo desarrollo viene después de los años setenta con grupos como Els Joglars, Els Comediants, La Cuadra, Teatro Libre, TEI.

Además hay que destacar el trabajo de dos autores especiales: Antonio Gala, con un teatro poético, un lenguaje muy cuidado y un cierto tono moralizante o didáctico. Fernando Arrabal y su “teatro pánico”, crítico, antirrealista y con elementos vanguardistas.

4.- Desde 1975 a la actualidad.

Tras la muerte de Franco y la desaparición de la censura, el tan esperado florecimiento teatral no se produjo. Como en épocas pasadas, los empresarios han abierto sus puertas, preferentemente, a los cultivadores de un teatro de evasión, humorístico, de corte moralizador y de crítica amable y superficial. Entre los más favorecidos han estado Ana Diosdado y Juan José Alonso Millán.

De los últimos dramaturgos, algunos, como Álvaro del Amo, Sergi Belbel o Vicente Molina Foix, han permanecido fieles a procedimientos vanguardistas e innovadores (exploraciones de mundos oníricos, la apropiación de técnicas del cine y del teatro del absurdo) y, en algunos casos, se han decantado por actitudes nihilistas y por la denuncia, mediante el empleo a veces de símbolos y alegorías, de diversos aspectos de la sociedad contemporánea. Otros como Fermín Cabal, Fernando Fernán Gómez, Paloma Pedrero y José Sanchís Sinisterra, se han esforzado por revitalizar el sainete, la farsa, el esperpento, la comedia de costumbres y el realismo poético y fantástico. Así han pretendido dar testimonio de los problemas de la sociedad en que viven: (violencia, paro, droga, marginación) y en encontrar nuevos ángulos para enfrentarse a conflictos habituales del ser humano (incomunicación, soledad, amor, sexo, frustración, prejuicios, posibilidades de un cambio social), encarados casi siempre con notable escepticismo.

Antonio Buero Vallejo (1916-2000) es el autor clave de la generación realista. Su producción está marcada por el compromiso con los temas humanos más universales, ya sean estos de carácter existencial o social. Su género preferido es la tragedia. Con ella pretende la catarsis del espectador, que debe conmoverse ante lo representado y luchar para labrarse su propio destino. Se trata de un teatro problemático, porque el dramaturgo se limita a plantear los problemas y el espectador debe encontrar sus propias soluciones. Entre sus obras destacan los dramas históricos, en los que un hecho del pasado sirve como modelo para hechos o conductas actuales (Un soñador para un pueblo) o los dramas en los que los personajes sufren algún tipo de limitación física (sordera, ceguera) que simbolizan las limitaciones humanas para enfrentarse con la realidad. A este grupo pertenecen El concierto de San Ovidio y La Fundación.

Aspectos técnicos y literarios: Destaca la dimensión simbólica del espacio y el tiempo; la oposición entre personajes  activos y contemplativos (para plantear conflictos que se resuelven como síntesis de ambas posturas sólo en la mente del espectador); el mantenimiento de la intriga, el empleo de signos e indicios; y la síntesis entre realismo y simbolismo. Resulta fundamental el empleo de un diálogo denso, hondo y preciso.

 

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