LEARTE

JUAN DE MAIRENA (Selección). Antonio Machado

Posted in PROSA by Antonio on 11 septiembre 2010

I Habla Juan de Mairena a sus alumnos.
La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón. —Conforme.
El porquero. —No me convence

V Las clases de Mairena.
Juan de Mairena hacía advertencias demasiado elementales a sus alumnos. No olvidemos que éstos eran muy jóvenes, casi niños, apenas bachilleres; que Mairena colocaba en el primer banco de su clase a los más torpes, y que casi siempre se dirigía a ellos.

IV (Viejos y jóvenes)
Cuenta Juan de Mairena que uno de sus discípulos le dio a leer un artículo cuyo tema era la inconveniencia e inanidad de los banquetes. El artículo estaba dividido en cuatro partes: A) Contra aquellos que aceptan banquetes en su honor; B) Contra aquellos que declinan el honor de los banquetes; C) Contra los que asisten a los banquetes celebrados en honor de alguien; D) Contra los que no asisten a tales banquetes. Censuraba agriamente a los primeros por fatuos y engreídos; a los segundos acusaba de hipócritas y falsos modestos; a los terceros, de parásitos del honor ajeno; a los últimos, de roezancajos y envidiosos del mérito.
Mairena celebró el ingenio satírico de su discípulo.
— ¿De veras le parece a usted bien, maestro?
— De veras. ¿Y cómo va usted a titular ese trabajo?
— «Contra los banquetes».
— Yo le titularía, mejor: «Contra el género humano, con motivo de los banquetes».

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—A usted le parecerá Balzac un buen novelista —decía a Juan de Mairena un joven ateneísta de Chipiona.
—A mí sí.
—A mí, en cambio, me parece tan insignificante que ni siquiera lo he leído.

VI Proverbios y consejos de Mairena.
Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas son los que no han ido nunca a ninguna parte. Porque ya es mucho ir; volver, ¡nadie ha vuelto!

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El paleto perfecto es el que nunca se asombra de nada; ni aún de su propia estupidez.

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Sed modestos: yo os aconsejo la modestia, o, por mejor decir: yo os aconsejo un orgullo modesto, que es lo español y lo cristiano. Recordad el proverbio de Castilla : «Nadie es más que nadie». Esto quiere decir cuánto es difícil aventajarse a todos, porque, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre.
Así hablaba Mairena a sus discípulos. Y añadía: ¿Comprendéis ahora por qué los grandes hombres solemos ser modestos?

XLVI (Para la biografía de Mairena)
El acontecimiento más importante de mi historia es el que voy a contaros. Era yo muy niño y caminaba con mi madre, llevando una caña dulce en la mano. Fue en Sevilla y en ya remotos días de Navidad. No lejos de mí caminaba otra madre con otro niño, portador a su vez de otra caña dulce. Yo estaba muy seguro de que la mía era la mayor. ¡Oh, tan seguro! No obstante, pregunté a mi madre –porque los niños buscan confirmación aun de sus propias evidencias-: “La mía es mayor, ¿verdad?”. “No, hijo –me contestó mi madre-. ¿Dónde tienes los ojos?”. He aquí lo que yo he seguido preguntándome toda mi vida.

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