LEARTE

REVELACIÓN. Rubén Darío

Posted in POESÍA by Antonio on 19 septiembre 2010

En el acantilado de una roca
que se alza sobre el mar, yo lancé un grito
que de viento y de sal llenó mi boca:

A la visión azul de lo infinito,
al poniente magnífico y sangriento,
al rojo sol todo milagro y mito.

Y sentí que sorbía en sal y viento
como una comunión de comuniones
que en mí hería sentido y pensamiento.

Vidas de palpitantes corazones,
luz que ciencia concreta en sus entrañas,
y prodigios de las constelaciones.

Y oí la voz del dios de las montañas
que anunciaba su vuelta en el concierto
maravilloso de sus siete cañas.

Y clamé y dijo mi palabra: ¡Es cierto,
el gran dios de la fuerza y de la vida,
Pan, el gran Pan de lo inmortal, no ha muerto!

Volví la vista a la montaña erguida
como buscando la bicorne frente
que pone sol en l’alma del panida.

Y vi la singular doble serpiente
que enroscada al celeste caduceo
pasó sobre las olas de repente

llevada por Mercurio. Y mi deseo
tornó a Thalasa maternal la vista,
pues todo hallo en la mar cuando la veo.

Y vi azul y topacio y amatista,
oro, perla y argento y violeta,
y de la hija de Electra la conquista.

Y escuché el ronco ruido de trompeta
que del tritón el caracol derrama,
y a la sirena, amada del poeta.

Y con la voz de quien aspira y ama,
clamé: «¿Dónde está el dios que hace del lodo
con el hendido pie brotar el trigo,

que a la tribu ideal salva en su exodo?».
Y oí dentro de mí: «Yo estoy contigo,
y estoy en ti y por ti: yo soy el todo».

LXVI. Gustavo Adolfo Bécquer

Posted in POESÍA by Antonio on 14 septiembre 2010

¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero

de los senderos busca;

las huellas de unos pies ensangrentados

sobre la roca dura,

los despojos de un alma hecha jirones

en las zarzas agudas,

te dirán el camino

que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste

de los páramos cruza,

valle de eternas nieves y de eternas

melancólicas brumas.

En donde esté una piedra solitaria

sin inscripción alguna,

donde habite el olvido,

allí estará mi tumba.

MADRIGAL DE VERANO (1920). Federico García Lorca

Posted in POESÍA by Antonio on 14 septiembre 2010

Junta tu roja boca con la mía,

¡oh Estrella la gitana!

Bajo el oro solar del mediodía

morderé la manzana.

En el verde olivar de la colina

hay una torre mora,

del color de tu carne campesina

que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado

el divino alimento

que da flores al cauce sosegado

y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste, luz morena?,

¿por qué me diste llenos

de amor tu sexo de azucena

y el rumor de tus senos?

¿No fue por mi figura entristecida?

(¡Oh mis torpes andares!)

¿Te dio lástima acaso de mi vida,

marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos

los muslos sudorosos

de un San Cristóbal campesino, lentos

en el amor y hermosos?

Danaide del placer eres conmigo.

Femenino Silvano.

Huelen tus besos como huele el trigo

reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto.

Deja tu cabellera

extendida y solemne como un manto

de sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada

un cielo del amor,

en un fondo de carne la morada

estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo

de tus ojos abiertos;

volará desolado y pensativo

cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría

por tu mirar sombrío,

como quiere la alondra al nuevo día,

sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía,

¡oh Estrella la gitana!

Déjame bajo el claro mediodía

consumir la manzana.

CITA CON ÁNGELES. Silvio Rodríguez

Posted in POESÍA by Antonio on 13 septiembre 2010

Desde los tiempos más remotos

vuelan los ángeles guardianes,

siempre celosos de sus votos

contra atropellos y desmanes.

Junto a las cunas infantiles,

junto a los tristes moribundos,

cuentan que velan los gentiles

seres con alas de otro mundo.

Cuando este ángel surca el cielo,

no hay nada que se le asemeje.

El fin de su apurado vuelo

es la sentencia de un hereje.

No se distraiga ni demore,

todo es ahora inoportuno.

Va rumbo al campo de las flores

donde la hoguera espera a Bruno.

Se lanza un ángel de la altura,

caída libre que da frío.

La orden de su jefatura

es descender hasta Dos Ríos.

Es 19 y también mayo,

monte de espuma y madre sierra,

cuando otro ángel a caballo

cae con los pobres de la tierra.

Dicen que al filo de la una

un angelote compasivo

pasó delante de la luna,

sobrevolando los olivos.

Y cuentan que con mala maña

fue tiroteado su abanico

justo a la hora que en España

se asesinaba a Federico.

Un bello arcángel aletea

junto a un gran pájaro de hierro.

Procura que un hombre lo vea

para ahuyentar cien mil destierros.

Pero el arcángel se sofoca

y un ala azul se le lastima

y el ave negra abre la boca

cuando atraviesan Hiroshima.

Dejando un surco luminoso

por sobre Memphis, Tenessee,

pasó volando presuroso

un ser alado en frenesí.

Iba vistiéndose de luto,

iba llorando el querubín

e iba contando los minutos

De Dios y Martin Luther King.

El ángel pasa bajo un puente,

después rodea un rascacielos.

Parque Central, lleno de gente,

no se da cuenta de su vuelo.

Cuanta utopía será rota

y cuánto de imaginación,

cuando a la puerta del Dakota

las balas derriben a John.

Septiembre aúlla todavía

su doble saldo escalofriante.

Todo sucede un mismo día

gracias a un odio semejante.

Y el mismo ángel que allá en Chile

vio bombardear al presidente,

ve las dos torres con sus miles

cayendo inolvidablemente.

Desesperados, los querubes,

toman los cielos de la tierra

y con sus lápices de nubes

pintan adioses a las guerras.

El mundo llena los balcones

y exclama al fin: ésta es mi lucha,

pero el señor de los cañones

no mira al cielo ni lo escucha.

Pobres los ángeles urgentes

que nunca llegan a salvarnos.

¿Será que son incompetentes

o que no hay forma de ayudarnos?

Para evitarles más dolores

y cuentas del sicoanalista,

seamos un tilín mejores

y mucho menos egoístas.

TUVE AL AMOR… Juan Ramón Jiménez

Posted in POESÍA by Antonio on 11 septiembre 2010

Tuve al amor, lo mismo
que una paloma, blanco,
en la prisión enhiesta
de mi engreída mano.

Mi jesto era apacible;
sonreían mis labios;
mis ojos, sus dulzuras
le daban al ocaso…

Dejé al amor volar
y él me dejó, volando…
Quedó abierta la cárcel
de mi elevada mano.

Apacible es mi jesto;
se sonríen mis labios;
estoy firme vacío
y dulce abandonado.

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO (Viento del pueblo, 1937). Miguel Hernández

Posted in POESÍA by Antonio on 11 septiembre 2010

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mi como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo.
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas,
recorres un camino de besos implacables.
Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

TODO ERA AZUL (Últimos Poemas, 1939-1941). Miguel Hernández

Posted in POESÍA by Antonio on 11 septiembre 2010

Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.

Ojos nacientes: luces en una doble esfera.
Todo radiaba en torno como un solar de espejos.
Vivificar las cosas para la primavera
poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos.

Se los devoran. ¿Sabes? No soy feliz. No hay goce
como sentir aquella mirada inundadora.
Cuando se me alejaba, me despedí del día.

La claridad brotaba de su directo roce,
pero los devoraron. Y están brotando ahora
penumbras como el pardo rubor de la agonía.